Victor Jara, asesinado por la dictadura de Pinochet

EL 16 DE SETIEMBRE DE 1973 ERA ASESINADO VICTOR  JARA POR LA DICTADURA DE PINOCHET



(Víctor Jara Martínez; La Quiriquina, Chillán Viejo, 1932 - Santiago, 1973) Cantautor chileno. Fue también director teatral, investigador del folclore y de los instrumentos indígenas, actor, dramaturgo y libretista, pero alcanzó la mayor trascendencia como compositor y cantante popular.


De origen campesino, heredó de su madre la afición por la música. Al ser abandonados por el padre, la familia se trasladó a Santiago, a una cité en la población Los Nogales. A los 15 años quedó huérfano e ingresó en el Seminario Redentorista de San Bernardo. Allí permaneció dos años. En 1957 entró en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. En esa época conoció a Violeta Parra, que lo acogió como discípulo.

En 1960 recibió el título de director teatral y pasó a formar parte del directorio del Instituto del Teatro de dicha casa de estudios. Dirigió varias obras de teatro y obtuvo el Premio Laurel de Oro como mejor director del año. En 1967 fue invitado a Gran Bretaña, donde recibió otro premio por su dirección teatral. Estando allí compuso una de sus canciones más conocidas, Te recuerdo Amanda, dedicada a sus padres Amanda y Manuel.

En 1968 pasó a ser el director artístico del conjunto de música popular Quilapayún. En 1967 publicó su primer álbum musical, titulado Víctor Jara. Su segundo álbum, Pongo en tus manos abiertas (1969), coincidió con el respaldo que prestó a la candidatura de la Unidad Popular de Salvador Allende como militante de las Juventudes Comunistas. En 1970 publicó Canto libre, El derecho de vivir en paz y La población, creaciones de gran belleza y fuerza poética que lo convirtieron en uno de los máximos exponentes del resurgimiento y la innovación de la canción popular en Latinoamérica.

Sus canciones trataban sobre su pueblo y sus problemas, en la línea de los cantautores de la época; con todo, su éxito internacional las llevó más allá de su Chile natal para ser cantadas en cualquier manifestación progresista o concentración universitaria de otros tantos países, particularmente en la España de la transición.

Durante el período de gobierno de Allende fue nombrado embajador cultural del gobierno, en cuyo cargo desarrolló una amplia labor hasta la fecha de su muerte. Estaba casado con la bailarina inglesa Joan Turner, quien había sido su profesora de expresión corporal en la Universidad de Chile.

Fuertemente comprometido con su entorno político, su compromiso acabó costándole la vida. Tras el golpe de estado del general Augusto Pinochet, acaecido el 11 de septiembre de 1973, se encerró con otros universitarios en la Universidad Técnica del Estado, en Santiago, para mostrar su repudio y voluntad de resistir; sin embargo, el ejercito tomó pronto las instalaciones y llevó prisionero a Jara al Estadio Nacional de Santiago de Chile, donde fue brutalmente torturado y asesinado el 16 de septiembre.

En septiembre de 2003, al cumplirse treinta años del golpe militar, el gobierno chileno rebautizó al estadio con el nombre de Estadio Nacional Víctor Jara. A mediados de 2008 se reabrió la investigación judicial sobre su asesinato; el teniente coronel Mario Manríquez fue acusado del homicidio.


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Después de más de 39 años del asesinato del cantautor chileno Víctor Jara, ocho exoficiales fueron responsabilizados por el crimen. En esta entrevista, su viuda Joan Turner reconoció el largo proceso que tiene por delante y que sintió “más que odio, asco” cuando vio por televisión los rostros de los inculpados.

POR CAROLINA ROJAS N.


Está cansada. Para Joan Alison Turner, los últimos han sido días entre conferencias de prensa y estudios de televisión. Cada tanto, se frota la cara en un gesto para despertar y responde las preguntas de forma entrecortada, suspira y sus ojos se vuelven acuosos al recordar a Víctor Jara. El 28 de diciembre se enteró por la prensa de la orden de captura internacional del magistrado Miguel Vázquez para los ocho militares involucrados en el crimen de su compañero. Dos de ellos, Hugo Sánchez y Pedro Barrientos, imputados como los autores materiales de su asesinato y el ensañamiento a quemarropa (56 lesiones, 44 por disparos y el resto golpes contundentes en cuello y costillas) que Joan todavía trata de explicarse.

Recuerda que con la noticia se le apretó el corazón. No podía creer que después de casi cuatro décadas de espera al fin hubiera un avance real en el caso. “Fue un golpe fuerte, una sensación de incredulidad frente a lo que estaba pasando, pero lo hemos tomado con mucha cautela, porque han habido tantas pistas falsas respecto al asesinato de Víctor”, responde rodeada de libros en una oficina de la Fundación Víctor Jara. “Esta investigación ha sido muy seria, tenemos una esperanza, aunque sabemos que todavía queda mucho por hacer”, agrega y esboza una sonrisa.


A Víctor Jara lo asesinaron el 16 de septiembre de 1973, cinco días después del golpe. Ese 11 de septiembre, 600 estudiantes y profesores se amotinaron en la Universidad Técnica del Estado (UTE) y al día siguiente llegaron los militares. A patadas, empujones y culatazos, los trabajadores fueron trasladados al estadio Chile. Entre ese grupo se encontraba el cantautor, entonces maestro de la escuela de Artes y Oficios de la casa de estudios. Los militares apartaron al "al prisionero Jara" luego vino la tortura, el horror, la historia que ya es conocida: el dedo índice de un oficial y la orden “¡A ese hijo de puta me lo traen para acá!” Los testigos vieron el rostro deformado de Jara producto de los golpes y el odio parido del militar apodado El príncipe. Joan se queda en silencio unos segundos y deja escapar una confidencia. “Siempre tuve la ilusión de que hubiera escapado en la noche, antes que los llevaran al estadio, pero habría sido imposible...”.



-¿Cómo recuerda esa mañana del 11 de septiembre?

-Víctor partió como un día normal, hasta que supimos por la radio todo lo que estaba pasando… Hizo un llamado donde logró averiguar algo sobre el golpe. Nadie imaginó la brutalidad y lo que vendría en ese momento, uno pensaba que en Chile no pasaban esas cosas. Él sabía que estaba bajo amenaza, pero la CUT (Central Unitaria de Trabajadores) estaba llamando a presentarse en los lugares de trabajo, existía la esperanza de que una masa de personas pudiera resistir lo que estaba pasando. Víctor partió a la Universidad y me llamó cuando llegó, sabía que él estaba en peligro. Me pidió que no fuera a trabajar y que me quedara con mis hijas...Todo fue una sorpresa, pocas personas, ni los conspiradores del golpe, podían imaginar lo que venía con los militares.

-El ejército ha sido muy hermético para aportar información al caso...

-Amenazaron a los conscriptos para que no hablaran, pero a pesar de eso, hubo un conscripto que declaró y ahí se empezó a saber sobre los oficiales que estuvieron en el estadio ese día y sobre todo los que estaban abajo, en los camarines que fueron los que practicaban las torturas y las ejecuciones. El ejército nunca dio información que ayudara a encontrar una estructura de mando, otorgaban mucha información que no servía. Según el ejército nadie estuvo en el estadio Chile, ningún oficial, por eso los careos entre ellos serán importantes.

-¿Cómo se puede explicar el ensañamiento que hubo con Víctor Jara?

-Víctor fue un embajador de la Unidad Popular hacia afuera, una figura que cantaba directamente las aspiraciones de su pueblo, una persona que venía de estrato bajo y que no tenía pelos en la lengua para cantar sobre diferentes temas éticos y políticos. Vino la famosa canción “Preguntas por Puerto Montt” sobre la masacre en la ciudad, donde le cantó al Ministro del Interior de ese tiempo y pasó el incidente en el colegio Saint George donde fue apedreado por unos estudiantes en el que estaba uno de los hijos de Edmundo Pérez Zujovic (ministro del Interior durante la masacre de Puerto Mont, a quien Jara menciona en la canción). Víctor era una persona muy notoria dentro de quienes hacían música política, un referente cultural y fue objeto de mucho odio.



El cuerpo de Víctor


Sobre el día que tuvo que reconocer el cuerpo de Jara, Joan se recuerda caminando entre cadáveres de hombres y mujeres jóvenes apilados en un pasillo largo que se le hizo infinito. Entonces no podía llorar, ni gritar, tenía instrucciones de no hacer ninguna demostración de tristeza. Hasta ahí llego gracias a Héctor Herrera,  enviado en comisión de servicio al Instituto Médico Legal y le contó que el cuerpo de Víctor Jara estaba en la morgue. Un acto de humanidad que jamás olvidó.


“Él logró tomarle las huellas digitales y volvió a su oficina y me encontró registrada como su familiar y estaba mi dirección, llegó hasta mi casa y me dijo que no tuviera miedo. Me acompañó hasta el Instituto Médico Legal donde entramos con su pase, aunque estaba totalmente prohibido”, recuerda. En el segundo piso, ya en la administración, vino otro largo pasillo. Joan reconoció a Víctor Jara que yacía con el pecho y las piernas descubiertas. “Vi su cuerpo, vi como estaba, no me pueden mentir”. Después hizo el papeleo para sacarlo. Joan lo enterró en silencio, lo más rápido posible. “Años después cuando exhumaron su cuerpo, tuve miedo de que no fuera él, que alguien lo hubiera cambiado de lugar, por suerte no fue así”, confiesa. 


-¿Qué le sucedió cuando vio en la televisión el rostro de los imputados como autores materiales del asesinato?

-Fue terrible, muy impactante verlos como felices mintiendo y diciendo que no habían estado en el estadio. Sentí asco y desprecio por ellos. Nunca me han pedido perdón, yo no he vivido estos años con odio ni mucho menos, incluso me lo han preguntaron otras veces, y no tengo palabras para ellos. Más que odio, lo que siento es asco. 

-Pedro Barrientos fue sindicado como la persona que le disparó en la cabeza a Víctor Jara. ¿Fue a la embajada norteamericana para informarse qué pasará con su extradición?

-Hay una esperanza, me dijeron que no tiene ninguna importancia que Pedro Barrientos tenga la nacionalidad norteamericana. La mala noticia es que es un trámite muy largo, primero tiene que pasar por la Corte Suprema de acá y luego en Estados Unidos. En este momento, Barrientos está en su casa con el teléfono descolgado, pero no puede cruzar la frontera por la orden de arresto internacional. 

-¿Qué espera del gobierno chileno?

-No espero nada, no quiero que el gobierno hable oficialmente, ni que digan que quieren justicia, no quiero que tengan ese privilegio. Hay gente de este gobierno que estuvo en la conspiración del golpe, con Pinochet, no corresponde. “Justicia para Víctor Jara”, es una campaña para los ciudadanos. Víctor es del pueblo. 

-Y su música sigue tan vigente entre los jóvenes…

-Primero lo encuentro maravilloso, porque admiro a esta juventud que con tantas cosas que han pasado se organizan y luchan, no solamente por la educación sino por cambiar muchas otras cosas; por otra parte me da pena que muchos de los males que Víctor tocaba en sus canciones todavía existen. La música de Víctor está vigente porque aún están vigentes los mismos males. El otro día después de una entrevista en la televisión, me encontré con Giorgio Jackson (ex dirigente estudiantil) que me dio una abrazo enorme...Víctor estaría marchando con los estudiantes con sus ochenta años bien puestos, estoy segura.



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