El sindicalismo ético de José “Pepe” D´Elía

JOSE D ELIA


Cinco décadas atrás, en aquel agitado 1964, sesenta y cinco sindicatos y federaciones iniciaron el proceso de creación de la central única de trabajadores (CNT, 1964-1966).
Uno de sus principales animadores, fue José D´Elia, de vida proba y austera, maestro de la negociación, que siempre defendió la independencia de clase del sindicalismo; y hoy es particularmente recordado por su radicalismo democrático y su fe en un nuevo orden social sin excluidos.
En “los años duros” (mayo de 1987), Martha Machado y Carlos Fagúndes, procuraron reconstruir los hechos políticos y sociales mas importantes del país, en el período 1964 a 1973. Revisaron diarios de aquella época, testimonios de protagonistas, registros archivados que pudieron sobrevivir al ciclo dictatorial (1973-1985). Esa “cronología documentada”, como la definieron, fue publicada por la entonces editorial MonteSexto, y tuvo una muy buena acogida, en aquel tiempo de los reencuentros.
El 31 de julio de 1964, estos investigadores subrayan un acontecimiento clave: “primera sesión de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT), asisten delegados de 65 sindicatos y federaciones. Se establece la necesidad de “impulsar a un plano superior la lucha por las reivindicaciones económicas y sociales de los trabajadores de la ciudad y el campo, por el mejoramiento de las condiciones materiales y culturales del conjunto de nuestro pueblo; por la liberación nacional y el progreso de nuestra patria, en el camino hacia una sociedad sin explotadores ni explotados” (página 14)..
Es decir que hace 50 años, se inicio el proceso de constitución de la CNT, que culminó en 1966, cuando aprobó documentos centrales, como sus estatutos. En el interín, resultó clave el Congreso del Pueblo (1965), y sus propuestas de solución para superar los bloqueos estructurales de carácter económico, que agudizaban los conflictos sociales y la crisis del sistema político (ver: “Nuestra Tierra” Nº 4, “el movimiento sindical”, de Germán D´Elía, marzo de 1969).
En la década de 1940, especialmente en tiempos de Luis Batlle Berres que impulsó el desarrollo industrial, y la negociación colectiva entre empresarios y trabajadores (Consejos de Salarios), se produjo una expansión del sindicalismo.
Un estudio realizado por Héctor Rodríguez (dirigente sindical y político, periodista, historiador), recuerda que antes de 1940, habían sido fundados solo 29 sindicatos; a partir de ese año, o con posterioridad, 197. En 1968, sumaban 226. La sindicalización integró a obreros, empleados, profesionales y técnicos, docentes, funcionarios estatales en sus diferentes categorías funcionales (ver: “Enciclopedia Uruguaya Nº 51, El arraigo de los sindicatos”, de Héctor Rodríguez, (octubre de 1969).
Hasta que entre 1964 y 1966 se llegó a la conformación de una central única de los trabajadores (la CNT), -un verdadera singularidad uruguaya, en el mundo-, cuyo presidente fue José D´Elía (1916-2007), hoy considerado como un símbolo de aquel movimiento, por su existencia austera y sobria, su capacidad negociadora, la mística de la unidad que cultivo siempre, al decir de Gerardo Caetano (ver recuadro con su discurso en ocasión de integrarse una Comisión Nacional de Homenaje a esta gran personalidad uruguaya).
D´Elia, fogueado en la resistencia durante la etapa dictatorial del colorado Gabriel Terra (desde marzo de 1933), que tuvo el respaldo del herrerismo, empezó a trabajar como cobrador en la casa Rim (sastrería), y el Centro de Estudiantes de Derecho (1936).
A partir de 1940, se ganó la vida como visitador médico de distintas empresas farmacéuticas, y adquirió creciente protagonismo en aquel movimiento sindical en crecimiento. Fue primero la Federación Uruguaya de Empleados del Comercio y la Industria, FUECI (1940), y despues en la Unión General de Trabajadores del Uruguay, UGT (1942), de la que fue prosecretario general. El titular, era el entonces obrero del calzado, Enrique Rodríguez.
En las décadas siguientes, D´Elia estuvopresente en distintos movimientos que procuraron la unificación del sindicalismo (Comité de Relaciones Sindicales, ASO, CTU), hasta que llegó la hora de la CNT (1964-1966), los duros enfrentamientos con el gobierno oligárquico del colorado Jorge Pacheco Areco (1968-1972), el ciclo dictatorial (instaurado a partir de junio de 1973), que ilegalizó a la CNT, e intentó crear un sindicalismo afín al régimen, que fracasó. estrepitosamente a lo largo de todos esos años.
En mayo de 1983, surgió un Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT), animado por jóvenes sindicalistas que reclamaban por trabajo, salario justo, libertades públicas, amnistía. En su primer acto, público, asistieron más de 100 mil personas. Era la continuidad de la CNT. Detrás estaba D´Elia, a esa altura convertido en caudillo de un sindicalismo independiente, que respondía a los intereses de la clase trabajadora, y siempre se manejó con extrema austeridad.
Como señaló Caetano, “recordar a José D´Elía, será recordar la pobreza y sobriedad de los dirigentes (sindicales); (su) capacidad negociadora, la mística de la unidad. El día que nos olvidemos de esto, habremos perdido el rumbo”.
“Ningún dirigente sindical uruguayo, después de la huella de José D´Elia y de la huella de los fundadores, podrá enriquecerse desde su rol de dirigente. Y esto que a nosotros nos parece natural, es excepcional en la región y en el mundo”, añadía el actual coordinador del Observatorio del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de la República.
“Yo conozco dirigentes que (…) seudorepresentando sindicatos, se han enriquecido con espacios corporativos que han privatizado a su favor. En Uruguay, hay una vacuna y esa vacuna bien que la podríamos nombrar (como) la vacuna José D´Elía (…) No habrá enriquecimiento de dirigentes sindicales no por una cultura del pobrismo que el Pepe D´Elía no tenía, sino por la necesidad de vivir aquello que se pregonaba, de vivir, aquello que se pensaba”.
Gerardo Caetano:
José D´Elía y el sindicalismo de la sobriedad de sus dirigentes
“(…) César Aguiar contaba que no había mejor imagen para narrar la sociedad hiperintegrada (uruguaya) que hablar de la vida de la familia D´Elía. Un padre militar, de derecha dura, con el que (sus hijos) Germán y José, después de haber llevado el féretro de Julio César Grauert (mártir del batllismo de izquierda, durante la dictadura del colorado Gabriel Terra en la década de 1930), impregnados de olor a muerte, debieron pelearse al regresar a su su casa. German, (se) distanció, en cierto modo para siempre, de su padre; y los años 70 (pachequismo) en donde estaba el presidente de la Unión de Bancos (otro de los hermanos) y estaba el presidente del movimiento sindical (la CNT, José D´Elia) y estaba un extraordinario profesor de historiadores (Germán D´Elía).
La estirpe de los D´Elía empieza enfrentando la dictadura de Terra, pero (en el caso de José), es la historia de un constructor de sindicatos. Es Fueci (empleados de comercio), es la UGT, son los Consejos de Salarios, es el Partido Socialista, es la Federación de la Carne, es Luis Batlle, son las Asignaciones Familiares, es el proceso de unificación sindical. Que no nació por generación espontánea y fue muy difícil (….) Es el enfrentamiento al pachequismo (1968-1972), a sus desbordes represivos, a sus restricciones a la libertad, sin caer nunca en el atajo facilista del ultrismo.
José D´Elia como tantos fundadores, supieron ser radicales de verdad (…)supieron asumir compromisos radicales desde el cultivo de la negociación, desde la defensa y el reconocimiento pleno de las libertades. Es la lucha contra la dictadura, marcada a fuego con la huelga general (…). Es la entereza con la que(…)como tantos uruguayos, enfrentó la dictadura viviendo su propia vida, durante esos años duros(…) Es el apoyo pleno a la reconstrucción del movimiento sindical impulsada por un grupo de jóvenes rebeldes, al Plenario Intersindical de Trabajadores(…)
Fue ese magisterio gigantesco como presidente honorario del PIT-CNT. Yo fui testigo de algo que enaltece y expresa (..) cuando los jóvenes dirigentes de un movimiento sindical pujante, advirtieron que había allí una masa crítica, una riqueza que tenía que ver con la sabiduría de los viejos, y que una vez por semana se reunían a discutir sobre todo(…)
Conocí a José D´Elía y vi como se enfrentaba a hombres de enormes fortunas, a los líderes empresariales, a los principales dirigentes políticos del país y los enfrentaba siempre, de tú a tú. (y) lo vi apelar a la fuerza de su dignidad para “pararle el carro” a un empresario, cuando ridiculizaba a un trabajador.
Pero también exigirle a un dirigente sindical cuando incumplía su código de conducta. Lo conocí también, dado los últimos rayos de su fuerza, de su voluntad, tratando de empujar la aventura de la Comisión para la Paz (creada en el 2000)”.
“(todo esto) se vincula con algunas claves de identidad del movimiento sindical uruguayo, que lo hacen muy singular. La primera de ellas: la negociación (que es) señal de fortaleza. Solo se negocia desde la fortaleza, la clave de una sociedad que conviva democráticamente es el respeto a la dignidad del otro, y la no violencia, es la negociación (…).
Es por la negociación que el movimiento sindical hoy puede reivindicar los derechos que ha conquistado. Vean la historia de las relaciones laborales en Uruguay, cuando no hubo negociación (…) Ningún dirigente sindical uruguayo, después de la huella de José D´Elía y de la huella de los fundadores, podrá enriquecerse desde su rol como dirigentes.
Y esto que a nosotros nos parece natural, es excecional en la región y en el mundo. Yo conozco dirigentes sindicales que son millonarios(…) No habrá enriquecimiento de dirigentes sindicales, no por una cultura del pobrismo que el Pepe D´Elía no tenía, sinó por la necesidad de vivir aquello que se pregonaba; de vivir aquello que se pensaba (…)
(el sindicalismo uruguayo) ha ido siempre mas allá de la defensa de los derechos de los sindicalizados. Nunca ha sido, nunca ha tenido, el tropismo corporativista, siempre ha tenido esa vocación de igualdad ciudadana, universal.
Recordar a José´Elía será advertir que los sindicatos en Uruguay son autónomos del Estado, no son (expresión) de ningún partido, y de ningún Estado, y de ningún gobierno. Podrán tener cercanías y lejanías, pero no serán brazo operativo de ningún gobierno, de ningún Estado, de ningún partido.
(Evocarlo) será recordar la pobreza y sobriedad de los dirigentes, su capacidad negociadora, la mística de la unidad. El día que nos olvidemos de esto, habremos perdido el rumbo. Por eso, es imperativo, repito, en estos tiempos de desmemoria (..-) en donde todo parece empezar, en donde algunos se olvidaron de que aquí hubo constructores de sindictos cuando no había sindicatos; que aquí hubo quienes revindicaron las libertades y los derechos, cuando no había libertades y derechos, en las dictaduras, sobre todo en la última (1973-1985). Tiempos de desmemoria donde todo parece haber nacido en el cortoplacismo del presente o del pasado reciente (…)”.
Siempre que lo ví (…), incluso las últimas veces en donde ya estaba herido de muerte, siempre ví en sus ojos y sobre todo en su vida, esa semilla de esperanza. Era un hombre que trasmitía esperanza. No perdamos esa historia,,,”
( exposición del historiador y politólogo Gerardo Caetano al constituirse la Comisión Nacional de Homenaje a José D´ Elía).
El proceso de unidad que culminó en la CNT
1937-1942 Comité de Organización y Unidad Obrera
1942 -1959 Unión General de Trabajadores del Uruguay (UGT)
1951-1966 Confederación Sindical del Uruguay (CSU)
1951-1952 Comisión de los Gremios Solidarios
1959-1961 Congreso Constituyente de la Central de
Trabajadores (Comité Ejecutivo)
1961 Central de Trabajadores del Uruguay (CTU)
1964 Convención Nacional de Trabajadores (CNT)
1966 Se disuelve la CTU, cuando la CNT aprueba
sus estatutos.
1973 golpe de estado y disolución de la CNT
1983 Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT)
1984 El PIT pasa a denominarse PIT-CNT.
Fuentes: Enciclopedia Uruguaya Nº 51, “El arraigo de los sindicatos”, de Héctor Rodríguez (octubre de 1969); “Guía Sindical” publicada por el Centro Uruguay Independiente con el apoyo de la Fundación Friedrich Ebert (mayo de 1990).

Por: Luis Casal Beck
Tomado de:  republica.com.uy

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