Victor H. Abelando
28 noviembre, 2025- semanario Brecha
El llamativo silencio institucional y de referentes frenteamplistas que sucedi贸 al despido masivo e intempestivo de todos los trabajadores de M24, la radio de FM propiedad del Movimiento de Participaci贸n Popular (MPP), se pretendi贸 sustituir, a las pocas horas, por la idea de que dicha emisora no pertenec铆a al sector mayoritario del Frente Amplio (FA). En las redes sociales, varias focas, trols y bots lanzaron la informaci贸n de que el MPP solo alquilaba la radio y, por tanto, no era responsable de la venta al grupo El Observador ni de los despidos. Pero la deformaci贸n informativa dur贸 poco, no solo porque varios de sus experiodistas desnudaron la identidad de los propietarios, sino porque, adem谩s, una simple b煤squeda de documentos permiti贸 conocer una resoluci贸n del 6 de mayo de 2024 por la cual Bonimar SA (propietaria de la emisora) transfer铆a el 100 por ciento de sus acciones a la dirigente del MPP Andrea Martini Guigou. El texto, firmado por Beatriz Argim贸n, en ejercicio interino de la presidencia, y por la entonces ministra de Industria, Elisa Facio, dice: «Apru茅base la transferencia parcial de la titularidad de la frecuencia 97.9 MHz, Canal 250, de la ciudad de Montevideo, departamento de Montevideo, cuyo titular es Bonimar SA, a favor de la Sra. Andrea Mirela Martini Guigou. Establ茅cese que la empresa Bonimar SA quedar谩 integrada por la Sra. Andrea Mirela Martini Guigou con el 100 por ciento del capital accionario».
El control del sector tambi茅n qued贸 claro respecto a las emisoras de Colonia (FM 102.5) y Maldonado (FM 90.9). Un senador del MPP, Nicol谩s Viera, posee el 67 por ciento de la primera (B煤squeda, 27-XI-25), mientras que la segunda est谩 en manos de Martini en un 99 por ciento.
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Tras un fin de semana de silencio del oficialismo, el lunes en la reuni贸n del secretariado del FA el delegado emepepista Heber Bousses justific贸 la venta y los despidos por permanentes p茅rdidas econ贸micas. Veinticuatro horas despu茅s, empezaron a hacerse o铆r manifestaciones individuales de dirigentes frenteamplistas en solidaridad con los extrabajadores de M24. Lo hizo el presidente del FA, Fernando Pereira, la senadora Liliam Kechichian, el diputado del MPP Gabriel Otero. En la 煤ltima transmisi贸n de la programaci贸n del lunes 24, manifestaron su solidaridad el ministro de Trabajo, Juan Castillo y el exsenador por el MPP Ernesto Agazzi.
Tambi茅n hubo pronunciamientos institucionales del PIT-CNT y de la Asociaci贸n de la Prensa Uruguaya que denunciaban la arbitrariedad de los despidos.
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Por otro lado, circula la versi贸n de que no todos los dirigentes del MPP estaban en conocimiento de la medida tomada. En tal sentido, el senador Sebasti谩n Sabini tom贸 distancia de la decisi贸n en una rueda de prensa. Consultado sobre los despidos y la venta de la radio, respondi贸: «Creo que deber铆an hablar con los due帽os de la radio, que son los representantes legales […]. Obviamente es una situaci贸n triste y dura que muchos trabajadores queden sin trabajo; mi solidaridad con ellos, pero que hablen con quienes representan a la radio». Y ante la pregunta de la relaci贸n de su sector con la emisora dijo: «Hablen con los responsables de la radio».
El evidente malestar del legislador abona la tesis de que los ceses y la venta a un grupo sost茅n del presidente libertario argentino Javier Milei fue tomada en el seno del c铆rculo 谩ulico del presidente Yamandu Orsi y que varios de sus hombres de confianza negociaron la venta con el excanciller argentino Gerardo Werthein, uno de los principales propietarios del grupo due帽o de El Observador.
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Ninguno de los saludos en solidaridad con los trabajadores de referentes frenteamplistas ubica responsabilidad en los propietarios de la radio. M谩s bien se parecen a un QEPD. Son dichos que no pueden diferenciarse de manifestaciones frente a un desastre natural o a una epidemia como la del covid, en los que la responsabilidad queda licuada en lo imprevisto. Pero, a la vista de que el empleador arbitrario es el sector mayoritario del FA, entre las figuras del FA –salvo saludos a los «pobres empleados» que quedan sin trabajo en la peor 茅poca del a帽o– no hubo se帽alamientos claros y condenatorios del evidente desprecio por la suerte de los trabajadores. Todo parece justificarse en una ecuaci贸n econ贸mica y en las p茅rdidas que para el MPP significaba mantener un medio alternativo a los hegem贸nicos.
La interrogante es si la propiedad de una emisora o de cualquier otro medio, m谩s all谩 de su papel en el debate cultural, tiene como factor determinante la ganancia econ贸mica. La izquierda (no hablo del progresismo) ha tenido a lo largo de la historia y con suerte variada distintas empresas period铆sticas o radiales. Y siempre se justificaron en la necesidad de dar la batalla contra el pensamiento hegem贸nico de las derechas. No parece que El Popular y Radio Centenario sean fuentes de ingreso superavitarias para las organizaciones pol铆ticas que las sostienen. Tampoco puede inferirse que medios alternativos como este semanario, Caras y Caretas o La Diaria sean mecanismos de enriquecimiento para propietarios.
La venta de M24 no es un rayo en un cielo sereno. Es un s铆ntoma m谩s del devenir del progresismo uruguayo. Aqu铆 vale una aclaraci贸n: en el FA existen sectores de izquierda que conviven con agrupamientos que han abandonado el pensamiento cuestionador del modelo econ贸mico, social y pol铆tico, para transcurrir por una l贸gica de medidas paliativas, que le den un rostro humano al capitalismo.
No puede entenderse el paso dado por el MPP sin constatar el abandono de la batalla ideol贸gica y cultural de la que hacen gala los gobernantes progresistas, capaces de buscar empat铆a con lo m谩s reaccionario de la poblaci贸n, destacando, como hizo Orsi esta semana en los desayunos de B煤squeda, el modelo de Nayib Bukele para combatir la inseguridad. El presidente rectific贸 al otro d铆a sus palabras (despu茅s de que, como dijo una colega, el secretario de la Presidencia, Alejandro S谩nchez, le editara las declaraciones) y descart贸 –no se sabe por cu谩nto– ese modelo para Uruguay.
Lo parad贸jico de todo esto es que quienes hablan de batalla cultural son los integrantes de la ultraderecha, que incluso no dejan de invocar a Antonio Gramsci. Mientras tanto, el progresismo pelea por no irritar al poder y limar antiguas pujas transgresoras.