VENEZUELA : LA OTRA CARA DE LAS VERSIONES DE BACHELET Y ALMAGRO



«Con una repetición suficiente, y la comprensión psicológica de las personas implicadas, no sería imposible probar que un cuadrado es un círculo. Después de todo, ¿qué son un cuadrado y un círculo? Son meras palabras, y las palabras pueden moldearse hasta disfrazar las ideas”.

Joseph Goebbels. ministro de Propaganda de Hitler.

 Esta semana pretendía continuar escribiendo de las muchas cosas positivas que nos dejaron los tres períodos de gobierno frenteamplista y contarles que me encuentro en Brasil fastidiado por el mismo problema que hallé en otras partes del mundo: la lentitud de internet. Claro, vengo del país con mayor velocidad de internet en América Latina, superando en la escala mundial al Reino Unido, de acuerdo al ranking de Speedtest Global Index.

Pretendía escribir sobre el impacto que tendrá en el índice de empleo del Uruguay la planta de UPM (10.000 puestos de trabajo entre directos e indirectos) y en el desarrollo de varios departamentos.

Pretendía escribir de cosas como esas, haciéndome (como muchos) el distraído, silbando y mirando para otra parte, como si nada hubiera pasado; pero no vamos a traicionar a nuestros lectores negando la realidad, y la realidad es que la derecha está festejando un gol que nos hicimos en contra y nos da como quien lava y no tuerce. Sus periodistas militantes están eufóricos con nuestras contradicciones internas y lo peor es que, esta vez, tienen razón.

 Perdiendo por la izquierda lo que ganamos por la derecha

Creer que vamos a captar votos del centro del electorado por decir que Venezuela es una dictadura -y decirlo luego de las internas-, ha acribillado el entusiasmo de una cantidad inconmensurable de militantes. Carolina Cosse, con gran lucidez, hizo un llamamiento a conservar la calma. Oscar, leal a sus convicciones y honestidad intelectual tanto como a los valores frenteamplistas, dijo lo que todos sabemos.

Hemos sido golpeados por una estrategia errónea; porque ningún indeciso (de esos a los que les da lo mismo derecha o izquierda) nos va a venir a votar por una declaración semejante. En todo caso, quien esté en contra de la revolución chavista, preferirá votar a la derecha, ya que siempre se expresó con claridad y de manera tajante al respecto. Por otra parte, estas declaraciones (porque fueron más de una) por parte de nuestros representantes dudosamente reflejen el sentir del Frente Amplio, dando la impresión de que el caudillismo no es patrimonio exclusivo de los partidos tradicionales. Esto se suma al desgastante proceso de elección de vicepresidente y los medios persiguiendo a nuestro candidato como si fuera Marcelo Tinelli para ver si tenía algún dato sobre la pareja ganadora del Bailando.

Estuve varias veces en Venezuela y he seguido muy de cerca todo este proceso y no necesito que una centroderechista forme mi opinión con un informe sesgado. En todo caso, sería muy interesante que el informe denunciara no solo los abusos de las fuerzas chavistas, sino también los orígenes del conflicto; pero la Alta Comisionada de Naciones Unidas solo hizo repicar una campana.

Venezuela vive una guerra no formal desde el primer momento en que Hugo Chávez derrotó a la oligarquía en las urnas. La situación está ahora, sin dudas, desbordada, y de ambas partes se constatan excesos; tanto por parte de militares y policías como de civiles, chavistas y antichavistas, a los que se suman los operadores externos.

A algunos compañeros que hoy bailan al compás que marca la derecha no los vi haciendo declaraciones cuando los opositores invadieron embajadas, destrozaron hospitales, escuelas y universidades, intentaron tomar cuarteles, quemaron chavistas vivos en la vía pública, fueron a golpear a las puertas del imperio para que invadiera a su propio país, atentaron en infinidad de ocasiones contra Hugo Chávez y su sucesor, intentaron tomar edificios públicos, armaron guarimbas y provocaron más de cuarenta muertes o complotaban con el gobierno de Colombia y sus paramilitares uribistas.

Venezuela es una nación agredida, saqueada y bloqueada. Las grandes potencias le han incautado sus reservas en el exterior (incluyendo 5.000 millones de dólares destinados a la compra de medicinas) y Estados Unidos convoca a los militares venezolanos a alzarse contra su gobierno, destinando parte del dinero robado para asistir a los traidores en el extranjero. Una porción del dinero destinado a ello fue a parar a los bolsillos de los partidarios de Guaidó, lo que se supo por las denuncias de los desertores que cruzaron a Colombia y se encontraron con que nadie les dio lo prometido, mientras los que administraban los recursos se daban la gran vida. Venezuela no puede comprar ni vender más que a un grupo no alineado de países que no se dejan mandonear por Estados Unidos.

La guerra mediática ha sido impresionante, perversa y persistente como jamás en otra parte. He visto cadenas internacionales tildando de “pacíficas” a manifestaciones donde abundaban las molotov y armas de fuego. Todos vimos a esas cadenas y sus repetidoras locales pasar una y otra vez las imágenes del camión quemado en el puente fronterizo con cajas llenas de mercadería; pero cuando se demostró con videos y fotografías (tomados por la misma derecha) que los responsables fueron opositores venezolanos y no las fuerzas de seguridad, muchos de esos medios cambiaron de tema y no informaron ni una palabra. He visto a esas cadenas decir que Venezuela no aceptaba observadores internacionales en sus comicios cuando yo mismo conocía a varias personas que monitoreaban los mismos, incluyendo al Instituto Jimmy Carter. He visto a muchos empresarios cometer delitos comunes y, tras ser descubiertos, huir hacia Estados Unidos argumentando ser perseguidos políticos.

El problema es que la gente olvida. Yo no. No olvido la toma de la embajada de Cuba cuando secuestraron a Chávez; no olvido que la oposición siempre habló de fraude cada vez que perdía una elección, pero elogiaba al sistema cuando ganaba. No olvido la propaganda de guerra de los canales de Caracas, convocando a levantarse en armas. No olvido los innumerables complots y, sobre todo, no olvido quiénes son los enemigos de la revolución bolivariana: Trump, Uribe, Macri, Bolsonaro, Almagro, los monárquicos españoles y el corrupto Partido Colorado de Paraguay, entre otros de la misma calaña.

La propaganda ha sido bestial y es muy difícil sustraerse a ella. Muchos compañeros han sucumbido porque en todas partes y a todas horas te repiten lo mismo y, si uno pone en duda la “verdad” que han logrado imponer, lo tildan de fanático y ciego. Es exactamente lo contrario: vemos muy bien cómo opera la derecha. Tantas veces dijeron que Maduro es un dictador, tantas veces dieron noticias manipuladas con respecto al “régimen de Nicolás Maduro”, que millones de personas lo repiten a diario como autómatas. Ricardo Mollo afirma que hay algo llamado “alta rotación”. Te ponen un tema todo el día en la radio y lo terminás tarareando.

Me pregunto si ahora algunos dirigentes del Frente Amplio irán a pedir disculpas a Almagro y solicitar su reintegro a nuestras filas.

Sin embargo, la pregunta principal es otra. Si el Frente Amplio ganara nuevamente y surgieran grupos armados pretendiendo tomar los edificios públicos, asesinar a su presidente, negar los resultados electorales, proclamar un gobierno paralelo y complotar con naciones enemigas para que expropien nuestras reservas internacionales, ¿qué haría? ¿Qué haría si los principales canales y radios de Montevideo convocaran a la rebelión armada? ¿Qué haría si una muchedumbre ataca un cuartel a sangre y fuego buscando apropiarse del armamento?

Sé que el estilo de Maduro no ayuda; pero, a quien no lo sepa, le informo que es el estilo de la mayoría de los venezolanos. ¿O nunca oyeron hablar a López, Capriles o a Guaidó?

 El informe

Tal como ha señalado Pablo Sepúlveda Allende, compatriota de Michelle Bachelet y nieto del expresidente chileno derrocado por la derecha, el informe “lapidario” de la misma es “parcializado, deshonesto, cobarde y peligroso”. Sus fuentes son ONG que operan para los amos del mundo y son financiadas por aquellos. Si para muestra basta un botón, Sepúlveda arrojó varios:

Provea (Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos), financiado por la Fundación Ford.
La Embajada Británica y la organización Open Society, del magnate Georges Soros.
El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, financiado por la Fundación para la Democracia, a su vez financiado por el Congreso norteamericano.
Foro Penal, financiado por Freedom House, que en un 80% se financia con fondos públicos estadounidenses, específicamente Usaid, la Agencia de Estados Unidos Para el Desarrollo y por el Departamento de Estado.
Bachelet omite en su informe las declaraciones y denuncias de familiares de chavistas asesinados por la oposición. El informe es cobarde porque no se atreve a denunciar los dramas que produce el bloqueo de Estados Unidos y aliados. Bachelet no dice ni una palabra sobre el programa de trasplantes de médula ósea para niños que son enviados para tal tratamiento a Italia o Argentina con la estadía paga por el gobierno venezolano; pero, debido a que el Novo Bank de Portugal retuvo el dinero destinado a ello, 23 pacientes se quedaron este año sin tratamiento y varios murieron. Bachelet lo sabía; se le informó.

La autora del informe “lapidario” no supera el VAR; pero puede estar tranquila. No le faltará trabajo con los amos del mundo en su ocaso político. Bien ganadas las treinta monedas. Lo bueno de Bachelet es que es un claro aviso: cuando un gobierno (supuestamente de izquierda) coquetea demasiado con la derecha por cobardía ideológica, le termina entregando la banda presidencial.

 ¿Y aquí y ahora?

Las declaraciones genuflexas allanan el camino de los que quieren apoderarse del país caribeño y a maniáticos como Bolsonaro, que ha ofrecido el territorio brasileño para atacar desde aquí, lo que sumado a las bases norteamericanas establecidas en Colombia cierran el cerco a un pueblo asediado. En Venezuela faltan medicamentos, alimentos y trabajo, tal como se planificó por parte de sus adversarios.

Habrá que ver ahora cómo solucionamos este problema dentro del Frente. Los que estábamos tratando de devolver el entusiasmo a los frenteamplistas desencantados, convenciéndolos de volver a militar, hemos recibido un latigazo lacerante; pero habrá que levantarse y continuar andando, porque si Lacalle gana, los más humildes pagarán los platos rotos por nuestra mediocridad.

Mucha gente se sacrificó por el sueño frenteamplista. Por respeto a su memoria, habrá que levantarse y militar, recordando cada logro, cada avance, desmontando cada mentira y viendo muy bien a quiénes colocamos en el Senado.

No sé si soy claro.

La derecha festeja gol en contra del Frente Amplio

Por Enrique Ortega Salinas.  

 fuente   CARAS Y CARETAS




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