Grandes medios continúan explotando beneficios obtenidos durante la dictadura

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 Según revela la publicación “El negocio del terrorismo de Estado”

21 de septiembre de 2017
Actualizado: 07:29h
Los periodistas Natalia Uval y Samuel Blixen revelaron que los medios masivos de comunicación uruguayos continúan explotando en democracia beneficios obtenidos durante la dictadura.

Ambos expusieron este miércoles en la sede de Crysol la publicación “El negocio del terrorismo de Estado”, del alto comisionado de los Derechos Humanos de Naciones Unidas, en la que participaron.

En su presentación, Uval denunció que los grupos económicos dueños de grandes medios de comunicación obtuvieron favores del proceso cívico militar, que incluyeron la condonación de deudas y concesiones ilícitas.

Por su parte, Blixen cuestionó la permisividad de los gobiernos democráticos respecto a esos beneficios que se mantienen a la fecha, pese a la alternancia de los partidos en el poder.

En tanto, el director general del Observatorio Latinoamericano de Regulación, Medios y Convergencia, Gustavo Gómez, agregó que actualmente los medios masivos aprovechan las concesiones obtenidas para mantener el control de la opinión pública.

“El negocio del terrorismo de Estado” fue publicado el año pasado y arroja luz sobre el negocio del terrorismo de Estado en la dictadura uruguaya, al tiempo que aporta datos sobre los cómplices de los delitos económicos perpetrados durante el proceso cívico militar.

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Bases económicas del terrorismo de Estado


25 • nov. • 2016 Marcelo Pereira en Cultura
Este libro, dedicado a presentar y analizar datos acerca de diversos grados de cooperación y complicidad con la última dictadura uruguaya de actores económicos y empresariales, nacionales e internacionales, puede ser considerado desde dos puntos de vista. En primer lugar, constituye un aporte a la reconstrucción de ese período de nuestra historia, que cada vez es más discutible llamar “reciente”, al poner el centro de su enfoque en un área que no ha sido la más frecuentada por la abundante bibliografía sobre el tema, y recordarnos algo obvio que no siempre tenemos presente: un régimen dictatorial no tiene su origen solamente en las posiciones ideológicas y la voluntad política de quienes pasan a usurpar las responsabilidades formales de gobierno, ni se mantiene sólo por la fuerza. Es también, por lo general y muy centralmente, producto de procesos sociales, en los cuales operan intereses económicos, locales y extranjeros, amenazados por el curso de los acontecimientos en un país, que propician e impulsan en defensa propia el quiebre de la continuidad democrática; y por lo general es sostenido en forma decisiva por esos grupos de poder y por otros a los que la dictadura beneficia.

Las dictaduras requieren importantes recursos económicos; no sólo necesitan armas, municiones y otros elementos materiales para controlar y reprimir a la población, sino también concretar negocios -por ejemplo, con inversores y prestamistas- para mantener en marcha la economía y evitar que crezca el descontento, y contar con simpatizantes o por lo menos colaboradores en los medios de comunicación para aumentar las probabilidades de que sus desmanes permanezcan ocultos y se difunda un relato favorable a su continuidad. Sin esos factores, poco durarían los regímenes autoritarios, de modo que corresponde hablar de complicidades, en más de un caso decisivas, que no se dieron -al igual que la propia dictadura- sólo por motivos ideológicos, sino en pos de beneficios materiales o como retribución por prebendas ilegítimas. De todo esto se ocupa El negocio del terrorismo de Estado, en una serie de capítulos cuyos niveles de novedad y profundidad son desparejos, pero que considerados en su conjunto arrojan nueva luz acerca de las razones por las que se instaló la más reciente dictadura uruguaya (contribuyendo, de modo contundente, a descartar las explicaciones ingenuas o interesadas que la presentan ante todo como una reacción a la violencia guerrillera) y las circunstancias que le permitieron perdurar.

La otra característica notoria de este libro es aun más inusual, y expresa una tendencia incipiente en el terreno del derecho internacional y en la agenda de las organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos humanos. Esa tendencia consiste, sintéticamente, en la tipificación de las complicidades antedichas como conductas que deben ser, al igual que las violaciones de los derechos humanos cometidas por las dictaduras, investigadas y eventualmente juzgadas, de modo que haya sanciones a los responsables y reparaciones a las víctimas. Así se nos conduce a un territorio conceptual novedoso, que despierta no pocos interrogantes. En cierto sentido, se puede plantear que estamos ante una forma de judicialización de la política, en tanto el sentido común habitual señala que, si bien son indudables tanto la existencia de vínculos entre poderes económicos y dictadura como sus nefastas consecuencias, suena un poco extraña, por lo desusada, la idea de que esas complicidades podrían y deberían resolverse ante los tribunales (o la idea de que, como las políticas económicas para cuya aplicación se estableció y se mantuvo la dictadura violaron los derechos económicos, sociales y culturales de la población uruguaya, corresponde tratarlas como delitos de lesa humanidad). En todo caso, la notoria insuficiencia de las políticas estatales en materia de verdad y justicia para los crímenes dictatoriales más directos no permite avizorar que, en el futuro cercano, haya avances en lo relacionado con estas complicidades.

El negocio del terrorismo de Estado

De Samuel Blixen, Juan Pablo Bohoslavsky (editor y compilador), Nicolás Carrillo, Isabel Clemente, Carlos Demasi, Gianni di Palma, Federico Leicht, Francesca Lessa, Jorge Notaro, Ariela Peralta, Gabriel Pereira, Naomi Rioth-Arriaza, Natalia Uval, Fabián Werner y Jaime Yaffé, con prólogo de Kathryn Sikkink. Penguin Random House, 2016. 294 páginas.

FUENTES DE LA DIARIA

Mario Benedetti - Biografía Nació el 14 de setiembre de 1920 en Paso de los Toros, Uruguay,

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Nació el 14 de setiembre de 1920 en Paso de los Toros, Uruguay, donde sus padres Brenno Benedetti (químico farmacéutico y enólogo) y Matilde Farrugia se conocieron y se casaron. En 1922 se trasladaron a Tacuarembó, capital del departamento, y poco después a Montevideo, donde en 1928 nació Raúl, el hermano menor, enólogo en su juventud, que años más tarde habría de destacarse en el dibujo comercial y en la pintura. Mario ingresó en el Deutsche Schule de Montevideo, donde completó los seis años de Enseñanza Primaria y aprendió alemán, lo que le sirvió posteriormente para ser el primer traductor de Kafka en Uruguay. Cuando en esas aulas se hizo presente el nazismo, fue inmediatamente retirado por don Brenno.

Durante dos años fue alumno del liceo Miranda, pero el resto de Secundaria lo cumplió como estudiante libre. En esos mismos años aprendió taquigrafía, que durante largo tiempo fue su medio de vida. A los 14 años empezó a trabajar, primero como taquígrafo, luego como vendedor, funcionario público, contable, periodista, locutor de radio, traductor. Se formó como periodista junto a Carlos Quijano, en el semanario Marcha. En 1946 se casó con Luz López Alegre, que falleció en abril de 2006. Durante quince años integró el personal de una importante inmobiliaria, llegando a desempeñar el cargo de Gerente General. En 1948 funda y dirige la revista Marginalia y luego integra la redacción del semanario Marcha, en el que llegó a dirigir la sección literaria. Como periodista trabajó en El Diario y La Mañana (donde codirigió con Álvarez Olloniego la página literaria “Al pie de las letras”) publicando intensamente crítica cinematográfica y teatral. Integró además el staff del Semanario Brecha, y colaboró con El País de Madrid, la revista Punto Final de Santiago de Chile, la revista Crisis de Buenos Aires, entre otras.

Formó parte del grupo de la Revista Número de Montevideo junto a Idea Vilariño, Carlos Martínez Moreno, Emir Rodríguez Monegal, Sarandy Cabrera y Manuel Antonio Claps.

Desde 1968 a 1971 dirigió el Centro de Investigaciones Literarias, de la Casa de las Américas, en La Habana, y además integró el Consejo de Dirección de esa misma Institución. De 1971 a 1973 dirigió el Departamento de Literatura Hispanoamericana, en la Facultad de Humanidades y Ciencias de Montevideo. En 1973 a raíz del golpe militar renunció a este último cargo y debió abandonar el país por razones políticas. Etapas de sus doce años de exilio fueron Argentina, Perú, Cuba y España. A partir de 1985, con el restablecimiento de la democracia en su país residió una parte del año en Montevideo y otra en Madrid.

Ha publicado más de 80 libros con más de 1200 ediciones y ha sido traducido a más de 25 lenguas. Su obra aborda diversos géneros: poesía, cuento, novela, ensayo y crítica literaria. Como humorista publicó numerosas crónicas bajo el seudónimo Damocles, primero en Marcha y luego en la revista Peloduro. Ha escrito además numerosas letras de canciones, reunidas en el volumen Canciones del Más Acá (1988) e incorporadas al repertorio de más de cuarenta cantantes, entre los que figuran Joan Manuel Serrat, Nacha Guevara, Los Olimareños, Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa, Pablo Milanés, Soledad Bravo, Amparo Ochoa, Laura Canoura, Rosa León, los Gambino, Eduardo Darnauchans, Adriana Varela, Numa Moraes, Tania Libertad, Marilina Ross, etc. El recital A dos voces, de canto (Daniel Viglietti) y poesía (Mario Benedetti) ha sido presentado en veinte ciudades de América Latina y Europa.

Ha integrado jurados de cine en los festivales internacionales de La Habana, San Sebastián y Valladolid, y de literatura en Uruguay, Argentina, Cuba, México, Ecuador, Panamá y España.

El Consejo de Estado de Cuba le otorgó en 1982 la Orden Félix Varela y en 1989 la medalla Haydée Santamaría. En 1987, Amnistía Internacional confirió en Bruselas el Premio Llama de Oro a su novela Primavera con una esquina rota, y en 1995 le fue otorgada en Chile la medalla Gabriela Mistral, así como en 2005 la medalla Pablo Neruda. En 1996 obtuvo en Uruguay el Premio Especial Bartolomé Hidalgo a su obra ensayística. En 1993 la Universidad de Buenos Aires lo designó Profesor Honorario, y en 1996 en Uruguay le fue otorgado el título de Profesor Emérito en la Facultad de Humanidades y Ciencias. En 1997 fue nombrado Doctor Honoris Causa por las Universidades de Alicante, Valladolid y La Habana, y en el 2004 recibió igual distinción de la Universidad de la República en Montevideo. En 1999 le fue otorgado en España el VIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. En el mismo año, en Uruguay, el Ministerio de Educación y Cultura le otorgó (conjuntamente con el narrador Julio da Rosa) el Gran Premio Nacional a la Actividad Intelectual. En 1999 la Cámara de Representantes de Colombia le otorgó la Orden de la Democracia en el grado Gran Cruz. En el año 2005 le fue otorgado en Santander, España, el Premio Internacional Menéndez Pelayo. Recibió el Premio Alba en la categoría Letras y la Orden Francisco de Miranda Primera Clase por parte del Gobierno Bolivariano de Venezuela en 2007, y en 2008 el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Córdoba, Argentina.

Algunas veces en compañía de su mujer y en otras ocasiones en forma individual emprendió numerosos viajes, que incluyen países como España, Francia, Alemania, Suiza, Dinamarca, Noruega, Suecia, Bélgica, Gran Bretaña, Austria, Finlandia, Italia, Grecia, Portugal, Unión Soviética, Bulgaria, Egipto, Estados Unidos, Argentina, Cuba, México, Nicaragua, Brasil, Chile, Ecuador, Colombia, Venezuela, Perú, Panamá y Costa Rica.

Fallece el 17 de mayo de 2009 en su casa de Montevideo.

FUENTES DE  http://www.fundacionmariobenedetti.org/
http://www.fundacionmariobenedetti.org/en/mario_benedetti/vida/


Mario Benedetti: "El amor, las mujeres y la vida" y más 63 videos para ver clik aca


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FUENTES DE TV Y CINE SOCIAL DE AYER Y HOY POETAS Y ESCRITORES


Fue detenido en España el militar (R) Eduardo Ferro, investigado por la desaparición de Tassino

Madre patria

El militar retirado Augusto Eduardo Ferro Bizzozero fue detenido este jueves en España, según confirmaron fuentes de Interpol a Montevideo Portal. Sobre el ex militar caía una solicitud de captura nacional e internacional a pedido de la jueza Dolores Sánchez, del Juzgado Penal de 10º turno.
Según informó La República en marzo, Ferro se tenía que haber presentado ante la Justicia el día tres de ese mes, pero no lo hizo. En ese momento, la jueza Sánchez dispuso el cierre de fronteras. En noviembre de 2016, el ex coronel tampoco se presentó; en ese momento, su abogado interpuso un recurso de prescripción de la causa. Este trámite no tuvo andamiento.
Ferro es investigado por el secuestro y la desaparición del militante comunista Oscar Tassino en 1977.
Montevideo Portal

PIDEN EXTRADICIÓN
El coronel Ferro huyó de Uruguay gracias a “amigos influyentes”
PIDEN EXTRADICIÓNEl coronel Ferro huyó de Uruguay gracias a “amigos influyentes”
El coronel retirado Augusto Eduardo Ferro Bizzozero fue detenido este jueves en España, según confirmaron fuentes de Interpol a Montevideo Portal. Sobre el ex militar caía una solicitud de captura nacional e internacional a pedido de la jueza Dolores Sánchez, del Juzgado Penal de 10º turno.
Según informó La República en marzo, Ferro se tenía que haber presentado ante la Justicia el día tres de ese mes, pero no lo hizo. En ese momento, la jueza Sánchez dispuso el cierre de fronteras. En noviembre de 2016, el ex coronel tampoco se presentó; en ese momento, su abogado interpuso un recurso de prescripción de la causa. Este trámite no tuvo andamiento.
El juzgado de la doctora Dolores Sánchez ya fue notificado y según dijo la magistrada a Subrayado, ya tramita el oficio para extraditarlo a Uruguay. Ferro fue detenido ayer de mañana en España y de inmediato, vía Interpol, se le avisó a la Justicia de Uruguay, donde estaba requerido por “homicidio, desaparición forzada de personas y crimen de genocidio”.
Fuentes de la investigación dijeron a LA REPUBLICA que Ferro huyó a Brasil con nombre y pasaporte falsos. Agregaron que lo hizo desde el aeropuerto de Laguna del Sauce a bordo de un charter privado fletado por “amigos muy influyentes”. De ahí viajó a España, estableciéndose en la ciudad de Málaga- En marzo, cuando debía presentarse ante el juzgado, la magistrada libró una orden de captura nacional e internacional. Se lo buscaba desde entonces bajo una “notificación roja de Interpol”.
Ahora corren los plazos y trámites internacionales para la extradición y su posterior sometimiento a la Justicia en Uruguay. Tassino fue detenido por militares el 19 de julio de 1977 en una casa de la calle Máximo Tajes.
Allí lo golpearon, lo encapucharon y se lo llevaron en un auto blanco con rumbo desconocido. Luego fue visto por testigos en el centro de detención clandestino conocido como “La Tablada”, donde desapareció hasta el presente.
FUENTES DE LA REPUBLICA DIARIO

Represores Argentinos y Uruguayos 




Eduardo Ferro 
Capitán
(llegó a Coronel)
(Fuerza)
Jefe del Batallón de Contrainteligencia Militar
Ejército Uruguayo
Eduardo Ferro

El coronel (r) Eduardo Ferro fue jefe del Batallón de Contrainteligencia Militar, integró el SID y la OCOA y recibió un curso en la Escuela de las Américas en Estados Unidos.
Fue el autor material de la muerte del escribano Fernando Miranda en Uruguay y actuó dentro de la Operación Cóndor. En Argentina fue responsable por la tortura de Andrés Bellizi y Jorge Goncalves, entre otros. Fue el que dispuso del cuerpo de María Claudia García Irureta-Goyena de Gelman, secuestrada embarazada en Argentina y posteriormente asesinada. También participó en el traslado de Universindo Rodríguez, Lilián Celiberti y sus dos pequeños hijos, cuando fueron secuestrados en Brasil en 1978.

Se busca

La jueza Penal de 10º Turno, Dolores Sánchez, libró el lunes una orden de captura nacional e internacional para el coronel Eduardo Ferro, después de que este indagado en la causa que investiga el secuestro y la desaparición de Óscar Tassino Astiazu no fuera ubicado por la Policía para ser conducido a declarar ante la magistrada. Según fuentes de la diaria, la Policía intentó ubicarlo en su último domicilio conocido, en la zona de Pinares, en Maldonado, pero el militar retirado no estaba o “se escondió”. El juicio se inició en 1985, pero quedó comprendido dentro de la ley de caducidad; fue reiniciado el 27 de noviembre de 2011. Según los testimonios aportados a la causa, Tassino fue secuestrado el 19 de julio de 1977 en una casa ubicada en Máximo Tajes 6632 y luego llevado al centro clandestino de detención y tortura La Tablada o “300 Carlos”.
El abogado del Instituto de Estudios Legales y Sociales del Uruguay (Ielsur) Martín Fernández explicó a la diaria que Sánchez pidió la conducción de Ferro debido a que “no se había presentado a una audiencia anterior”. “En ese momento Ielsur pidió las medidas cautelares de cierre de fronteras y de conducción, la fiscalía estuvo de acuerdo y la jueza también. Eso se tenía que efectivizar el lunes, pero Ferro no se presentó y no fue ubicado en los lugares habituales, y por consiguiente la doctora Sánchez decretó una orden de captura nacional e internacional”, agregó el representante legal de los denunciantes. Fernández contó que Ferro había comparecido anteriormente sólo por escrito, “presentando recursos de inconstitucionalidad y prescripción, que son los que presentan las defensas de los militares en este tipo de expedientes, y por ese motivo este expediente se había retrasado en su diligenciamiento cerca de dos años”. Pero Ferro nunca se presentó personalmente a declarar. El otro indagado en la causa, Jorge Pajarito Silveira, sí acudió cuando le tocó declarar, también conducido, pero porque está cumpliendo condena en la cárcel de Domingo Arena.
El mismo lunes, Ielsur emitió un comunicado en el que informa que, además de la causa citada, Ferro es investigado también “en el secuestro y torturas” de Lilián Celiberti y Universindo Rodriguez, “entre otras”. Ielsur “exige a las autoridades policiales correspondientes la máxima diligencia y esfuerzo para la ubicación, detención y conducción del Coronel (r) Eduardo Ferro ante los estrados judiciales para que sea juzgado de acuerdo con las garantías del estado de derecho” y recuerda “a las autoridades” la condena de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos al Estado uruguayo en el caso Gelman, “teniendo presente además, que han pasado más de 40 años sin que se le brinde a las familias de las víctimas de terrorismo de Estado respuesta a sus casos trágicos”.
Según pudo saber la diaria, Ferro se afincó en la zona de Pinares en la década de los 90, comenzó a trabajar en la seguridad del lujoso hotel Las Dunas y terminó como gerente del establecimiento. Durante unos años había “desaparecido”, pero “hace un par de años volvió” al departamento, confió una fuente local. En mayo de 2011, la Coordinadora Verdad y Justicia de Maldonado y la Plenaria Memoria y Justicia realizaron un escrache en su casa de Pinares. Ahora el militar retirado es buscado por Interpol para ser conducido ante la jueza Sánchez.
El espía de la democracia
Ferro fue el responsable del espionaje militar a partidos políticos, sindicales y organizaciones sociales entre 1988 y 1991, según publicó Brecha (24/02/16) de acuerdo a la documentación de la Dirección General de Información de Defensa (DGID) a la que accedió el semanario, y que actualmente es analizada en una comisión investigadora de la Cámara de Diputados. El archivo de inteligencia militar fue encontrado en un allanamiento a la casa del coronel Elmar Castiglioni. Según Brecha, Ferro fue designado jefe del Departamento III de la DGID, lo que está consignado en su legajo personal, un documento oficial de la Comisión Calificadora del Personal Superior de las Armas del Ejército. La nota del semanario también asocia a Ferro con un oficial denominado “Guillermo” que, según la documentación sobre los informes de los espías de la DGID, ordenaba y observaba las tareas de los “manipuladores” que atendían a los “agentes”, dos figuras de la compleja red de espionaje que habían montado los militares en plena democracia.
FUENTES DE LA DIARIA


Así robaron a los mapuches las tierras donde desapareció Santiago Maldonado.

Hace 60 años: así denunciaron el robo de las tierras por las que reclamaba Maldonado
DANIEL RIERA 03.09.2017
religion
En 1959, un pequeño periódico independiente escrito y dirigido por Osvaldo Bayer denunció cómo fue el despojo a los aborígenes de sus territorios en Esquel y quiénes estuvieron detrás. En 2017, en aquellas mismas tierras fue visto por última vez Maldonado.
En noviembre de 1958, Osvaldo Bayer, uno de los grandes periodistas argentinos, fue despedido del diario Esquel. Decidió entonce fundar un periódico junto a su colega Juan Carlos Chayep. Se llamó La ChIsPa-Contra el Latifundio-Contra el Hambre-Contra la Injusticia. La ChIsPa duró ocho números: se editó entre el 20 de diciembre de 1958 y el 4 de abril de 1959. El título de la editorial del primer número describe con precisión lo que se proponían Bayer y Chayep: “De brazo con el pueblo, luchar con él”. En el primer párrafo, informaban: “La ChIsPa sale la calle desnuda de alardes tipográficos y en un tamaño que parece de periódico escolar. No importa. Esta hoja es humilde pero lleva en sus puños la verdad y la nobleza del humilde que no debe a nadie ni se debe a nadie”.

El mítico y fugaz periódico figuraba en toda referencias a la trayectoria del autor de “La patagonia rebelde”, pero era difícil, por no decir imposible- acceder a sus páginas. Hasta ahora. Bruno Nápoli, periodista a cargo de ordenar los papeles de Bayer, editó en junio pasado una edición facsimilar de La ChIsPa. La increíble actualidad de sus páginas sorprende tanto como estremece: desde las páginas de La ChIsPa Bayer denunciaba el despojo a los mapuches de las tierras de Cushamen en Esquel, Chubut. Es decir, de las mismas tierras que hoy pertenecen a Luciano Benetton. Es decir, las mismas tierras donde fue visto por última vez Santiago Maldonado.
En el primer número, con el título “Es necesario tratar cuanto antes el tema de las tierras de Cushamen”, en La ChIsPa se publica un pequeño artículo que comienza diciendo: “Hace cerca de cuarenta años que el Estado entregó al jefe aborigen Rafael Nahuelquir un predio de 625 hectáreas en el lote 140 de la Colonia Cushamen, de acuerdo a la ley 1501 del 20/10/1899 que se refería a la adjudicación de lotes a la tribu Ñancuchi Nahuelquir en reserva especial de 200 lotes de 625 hectáreas cada una. Así comienza el detallado drama de la tierra en Cushamen realizado por nuestro corresponsal y que publicaremos en nuestras páginas a partir del próximo número. (…)
En el número 2, con el título “Los dramas negros de Cushamen” , la ChIsPa revela los orígenes del despojo. “Con posterioridad llegó a la zona un ciudadano árabe de nombre Juan Sfeir quien solicitó al jefe aborigen Rafael Nahuelquir le alquilara la casa en que éste vivía, en el lote 140 de la colonia. El señor Sfeir nunca pagó un centavo a Rafael Nahuelquir, y además se negó a entregar la casa, que luego vendió con mejoras de su propiedad a otro ciudadano árabe: Heikel El Khazen. Este caballero estableció un comercio y desde él comenzó el despojo de las familias aborígenes de la colonia.” El artículo refiere que en 1935 Nahuelquir inició un reclamo legal y que, mientras éste estaba en curso, Nahuelquir murió, dejando varios hijos menores de edad y una esposa también aborigen, y analfabeta. Los bienes de la familia de Nahuelquir fueron declarados en sucesión. Contra la voluntad de la viuda de Nahuelquir se nombró como depositario de los bienes a un señor de apellido Miranda y como tasador Luis Zuschlag. La familia de Nahuelquir le entregó 160 pesos de la época a un comerciante de la época llamado Julio Telleriarte para que este se los pagara al tasador. Telleriarte les firmó un recibo por la gestión. Años después, Zuschlag les inició un juicio a los herederos de Nahuelquir argumentando que no había recibido el pago correspondiente. El periódico de Bayer describe el terrible final de la historia.
“El Juez ordenó el remate de los bienes de la sucesión. El remate se hizo sin notificar a los herederos quienes se vieron sorprendidos al ver rematados sus animales vacunos, lanares y yeguarizos, sus útiles de labranza, carros, sogas, etc., su casa y sus árboles. ¿Quién fue el comprador? Pues nada menos que Julio Telleriarte. (…) Del dinero obtenido en el remate los herederos no han recibido hasta la fecha un solo centavo. Les queda la casa habitación que valientemente se negaron a desalojar.” En 1959, cuando se publicó la serie de cuatro notas de Bayer, Telleriarte era entonces un político importante de la provincia: ocupaba una banca de diputado provincial representando a la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP). Considerándose ofendido, Telleriarte reclamó una investigación parlamentaria de los hechos denunciados por La ChIsPa. Bayer lo “gastó” desde las páginas de su periódico: “¿Porqué pide el citado legislador una investigación parlamentaria? ¿Porqué no pide que la Justicia intervenga como correspondería? ¿tendrá cola de paja y miedo a que se le queme?” Más adelante se burlaba del discurso de Telleriarte ante la legislatura: “Por último contestaremos al señor Telleriarte sobre algo por él dicho: ‘Sin prestigio no podría sentarme un minuto más en esta banca’ ¿Qué espera para levantarse Señor Telleriarte, o cree por ventura tener prestigio?”.
Osvaldo Bayer tiene hoy 90 años. Seguramente, ni en sus peores pesadillas imaginó que aquella valiente investigación publicada hace 58 años adquiriría una terrible vigencia tras la desaparición de Santiago Maldonado, visto por última vez el 1° de agosto pasado, durante la represión de la Gendarmería a la comunidad Cushamen, en esas mismas tierras.
  FUENTES DE   Red Filosófica del Uruguay  Un espacio para la reflexión

Oscar Fernández Mendieta Jueza se expedirá sobre pedido de procesamiento de cuatro represores

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Audiencia decisiva por el asesinato
El militante del PCR murió por las torturas aplicadas en el cuartel de Durazno.

Los militares retirados Gustavo Mieres, Daniel Blanco, Alberto Ballestrino y Liber Morinelli enfrentarán este martes 5 a partir de las 13.30 horas una audiencia decisiva en el marco de la causa judicial que investiga el asesinato de Oscar Fernández Mendieta, un militante del Partido Comunista Revolucionario (PCR) asesinado el 24 de mayo de 1973 en el Regimiento de Caballería número 2 general Pablo Galarza.

En la mañana de aquel día, en las vísperas del golpe de Estado, un grupo de militares llegó al domicilio de Fernández Mendieta y Graciela Ferreira, ubicado en el en el kilómetro 178 de la ruta 5, en las afueras de Durazno, en busca de material subversivo.

El operativo había sido ordenado por el capitán Juan A. Núñez, quien oficiaba como juez militar. El operativo fue asignado teniente coronel Juan P. Bonfrisco, quien estaba a cargo del Regimiento de Caballería de Durazno. La orden era verificar la existencia de “actividades subversivas materializadas en escondites de prófugos o requeridos por subversión, depósitos clandestinos de dinero, armamento, explosivos, ocultamiento de valores hurtados y documentación del movimiento clandestino”.

Bonfrisco le encargó la dirección del procedimiento al alférez Gustavo Mieres, quien solamente pudo encontrar encontraron veinte ejemplares del periódico “Causa del pueblo”, que podía comprarse en quioscos de Montevideo, y cuatro libros de teoría marxista.

De todos modos, Mieres y sus cómplices se llevaron a Fernández Mendieta para interrogarlo en el cuartel. La última imagen que su esposa Graciela tiene de Oscar es la del detenido, esposado en la parte trasera del vehículo militar, saludándola con las manos en alto pidiéndole que tuviera “coraje y valor”.

Fernández Mendieta murió en la tortura ese mismo día, pero los represores ocultaron el asesinato hasta el día siguiente, cuando se lo notificaron a sus padres. El intento de ocultamiento incluyó el engaño a su esposa, quien había visitado el cuartel para llevarle ropa y tabaco, pero los militares le dijeron que sólo podría hacerlo al final de la tarde. Cuando eso sucedió Fernández Mendieta llevaba 12 horas muerto.

Fabián Werner / Sudestada / @fwernerv


El hijo de Ballestrino y alumnos del SOA mataron a Fernández Mendieta en 1973

OCULTAR EL CRIMEN DEL HIJO DEL MILITAR GOLPISTA PUDO SER OTRA EXCUSA PARA 
QUE UN MES DESPUÉS IMPUSIERAN LA DICTADURA

Tres entonces jóvenes oficiales: Alberto Ballestrino, hijo del general del mismo nombre, Gustavo Mieres Ultra y Daniel Blanco Fanocchio, ambos recién egresados de la Escuela de las América (School of America, SOA), fueron quienes en el Regimiento de Caballería Nº 2 de Durazno, el 24 de mayo de 1973, un mes antes del golpe de Estado, mataron en la tortura a Oscar Fernández Mendieta, según una investigación realizada por LA REPUBLICA.

La muerte de Fernández Mendieta, un joven militante del Partido Comunista Revolucionario (PCR), provocó un escándalo político en el Uruguay de aquellos días, cuando se propiciaba el desafuero del senador Enrique Erro, y, ante el evidente caso de una nueva muerte por torturas, la bancada del Frente Amplio impulsó una interpelación al ministro de Defensa Nacional, Walter Ravenna, que no se llegó a concretar por la disolución de las cámaras legislativas.

Las actas parlamentarias registran la denuncia que entonces realizó el senador Juan Pablo Terra, quien documentó ampliamente las contradicciones entre los informes militares y la partida de defunción, en la que se decía que la muerte se produjo por un infarto de miocardio, y otros análisis clínicos que establecieron los múltiples hematomas y quemaduras que presentaba el cuerpo de aquel joven de 26 años, recién casado y con su esposa embarazada de dos meses.

Treinta y cinco años después de los hechos, por primera vez un soldado que sirvió en aquella unidad militar rompe la “omertá” y detalla a LA REPUBLICA cómo fue que asesinaron a Fernández Mendieta, para agregar un nuevo elemento al todavía nebuloso período histórico: la protección del homicida, hijo de uno de los coroneles golpistas (miembro de la Logia Tenientes de Artigas), pudo ser otro inconfeso motivo de los militares para dar el golpe de Estado…


“Ya viví la pesadilla”

Atiende con una sonrisa y la mano dispuesta a saludar cuando se le llama por su nombre. Quizás piensa que es por alguna changa y un trabajo extra para forasteros siempre se cobra bien. La sonrisa se desdibuja y retrocede con una puteada contenida cuando su interlocutor se identifica como periodista de LA REPUBLICA. Camina hacia atrás, reingresa a su casa como buscando aire o una salida a una situación que quizás preveía. El sabe, que sabemos que sabe.

La cortina de cintas de plástico de la puerta de su modesta casa, en las afueras de una localidad del interior, no termina de hacer un movimiento pendular cuando el ex soldado vuelve a salir, casi resignado, para enfrentar un presente que lo llevará al pasado. Dice que no quiere hablar, que no recuerda, que hace mucho que no quiere saber de aquello que pasó hace tanto tiempo en el cuartel de Durazno, a donde preferiría no tener que volver a ir. Teme, aún a distancia.

No oculta su condición de ex soldado. Aunque el calor y la sequía asfixian, él luce una camiseta verde en la que todavía se distinguen los símbolos de una unidad militar. Pese a su edad y al tiempo que ha transcurrido desde su retiro se conserva en buena forma física, con brazos y piernas musculosas que reflejan la práctica de deportes, manos grandes y cuadradas por su trabajo manual y el ocre color de su piel curtida por el sol y el aire del campo.

“Yo les digo, pero no testifico. Yo les digo pero después niego… son mafia, no quiero terminar en una laguna… Yo sé que hay que saber. Hace mucho que hay que saber. Todos deberíamos decir. A mí de qué me sirvió el silencio. Mire dónde vivo. Pero yo no fui. Yo después niego. Yo le digo para que usted sepa… ¿Qué gano diciendo? ¿Plata no? (prueba)… ¿”conciencia tranquila”? Si ya viví la pesadilla todo este tiempo…”.


“Le dieron la máquina…”

El testigo comienza a dibujar aquel Durazno de 1973, tan lejano en el espacio y en el tiempo. “Hay otros que saben, pero alguno hasta está emparentado con la familia del muerto. En Durazno no hay otra cosa. O vas al cuartel o vas a la base. Todos son milico, esposa de milico, hijo de milico o padre de milico. Hacés un peso si salís de misión. Si no, esperar, jubilarte, ganar una mierda y vivir de changa….”, se desahoga.

Lentamente, el ex soldado acepta situarse en aquellos días previos al golpe de Estado. Algunas veces se había detenido gente por “eso de la subversión”, quizás se había torturado, pero muertos no. El Regimiento de Caballería Mecanizada Nº 2 “Gral. Pablo Galarza” no había tenido hasta aquel día de mayo una historia tan oscura, una vergüenza que se tuvo que ocultar dentro de la propia fuerza y del sistema político que todavía regía.

Finalmente habla: “Núñez lo fue a buscar. Lo trajo de la chacra donde vivían los Fernández Mendieta. Lo llevó al cuartel. Al sótano. Había agua en el piso. Le dio la biaba y se fue, pero había quedado bien… Después vinieron los otros. Eran muy jóvenes. Ballestrino, el hijo del general, Mieres y Blanco. Le dieron la máquina y se les fue. No sabían hacerlo. Se asustaron. Lo subieron a la enfermería. Blanco le hizo respiración boca a boca… Ya estaba muerto…”.

Hace silencio. Cierra la charla con un resignado gesto de “es todo”… un “ya está” que acentúa con la manos, la boca y las cejas. Hay angustia en su garganta. En sólo ochenta palabras, que pronunció en menos de 30 segundos, el ex soldado había derribado un muro de complicidad que por más de 35 años había mantenido la verdad aplastada por la impunidad. Fernández Mendieta fue muerto en la tortura. Tres oficiales son los responsables. Ahora se sabe.

Por: Roger Rodriguez | rogerrodriguez@adinet.com.uy

  FUENTES DE LA RED 21